A los 35 años, Kim Justice estaba en la cima de su carrera.
Había pasado años trabajando como consultora financiera exitosa, era propietaria de su casa, disfrutaba de una vida social activa y recientemente había asegurado la cuenta de cliente más grande de su carrera. Un examen físico apenas dos semanas antes había encontrado que estaba en excelente salud.
Luego, el 9 de enero de 1995, todo cambió.
Kim se unió a la consultora legal de enfermería Kiley Como en Mind Matters: Navigating Head Injuries and Concussions para compartir cómo un aneurisma cerebral roto casi le cuesta la vida y la obligó a reconstruir su identidad.
Una emergencia médica repentina
Kim había planeado salir temprano del trabajo para entregar un documento a un nuevo cliente. Su padre se ofreció inesperadamente a llevarla y sugirió que se detuvieran a tomar un café después.
A unas pocas cuadras de salir de la oficina del cliente, Kim sintió de repente lo que describió como un hacha enterrándose en su cabeza. Sus brazos y piernas se contrajeron involuntariamente, y de inmediato le dijo a su padre que necesitaba ir a un hospital.
Como su padre estaba conduciendo, el auto se mantuvo bajo control. Si Kim hubiera estado sola al volante, el resultado podría haber sido muy diferente.
El dolor no era un dolor de cabeza típico. Era un dolor de cabeza repentino, severo e implacable que no mejoraba.
Kiley, una ex enfermera de cuidados intensivos neuroquirúrgicos, explicó que este tipo de dolor a menudo está asociado con una hemorragia subaracnoidea, que ocurre cuando se desarrolla sangrado alrededor del cerebro.
Un diagnóstico erróneo peligroso
En la sala de emergencias, un médico de familia de larga trayectoria le hizo a Kim preguntas básicas de orientación, incluyendo si sabía su nombre y dónde estaba.
Aunque estaba confundida y con un dolor severo, logró responder la mayoría.
El médico diagnosticó un espasmo muscular en el cuello, le recetó analgésicos y la envió a casa.
Kim sabía que algo estaba gravemente mal, pero ya no podía comunicar claramente lo que estaba experimentando.
Su padre sugirió que se quedara en la casa de sus padres hasta que el medicamento comenzara a hacer efecto. Esa decisión pudo haberle salvado la vida porque Kim vivía sola.
Durante la noche, experimentó vómitos violentos y un dolor de cabeza que empeoraba. Para la mañana siguiente, ya no podía hablar correctamente ni entender lo que su madre le decía.
Kim había sufrido un derrame cerebral.
Su familia regresó al hospital, donde una tomografía computarizada reveló sangrado por un aneurisma cerebral roto.
Habían pasado casi 24 horas desde que comenzaron sus síntomas.
Una cirugía que salvó su vida
Los médicos pusieron a Kim en coma inducido médicamente, pero la inflamación severa hacía que la cirugía fuera extremadamente peligrosa.
Sus padres tuvieron que decidir si los médicos debían operar de inmediato o esperar varios días para que la inflamación disminuyera. Esperar podría mejorar las probabilidades de una cirugía exitosa, pero también creaba el riesgo de otro sangrado fatal.
Eligieron esperar.
El viernes 13 de enero, el neurocirujano altamente capacitado Dr. John Fox realizó un procedimiento de clipaje de aneurisma para detener el sangrado. Una galería de jóvenes cirujanos observó porque la cirugía aún se consideraba un procedimiento avanzado en ese momento.
La operación salvó la vida de Kim, pero no despertó durante tres días.
Cuando recuperó la conciencia, tenía poca comprensión de lo que había sucedido o cuánto había cambiado su vida.
Sobrevivir fue solo el comienzo
La cabeza de Kim había sido rapada y tenía una gran cicatriz quirúrgica. Vio su apariencia por primera vez cuando un visitante le colocó un espejo frente a ella.
No reconoció a la persona que la miraba.
Ese momento reflejaba una lucha mucho mayor. Kim había sobrevivido al aneurisma, pero ahora tenía que recuperarse física, cognitiva y emocionalmente.
Su recuperación duró gran parte del año siguiente. Escribió un diario durante todo el proceso, documentando sus desafíos y los pequeños momentos que consideraba milagros o “guiños de Dios”.
Años después, Kim se dio cuenta de que no podría volver a su carrera anterior. Finalmente transformó sus diarios en un libro titulado In a Flash: Miracles Here and Beyond.
Hoy, es autora, presentadora de radio y defensora de los sobrevivientes de lesiones cerebrales y sus cuidadores.
Por qué importa la historia de Kim
La experiencia de Kim muestra que una emergencia neurológica que pone en riesgo la vida puede ocurrir sin advertencia, incluso en alguien que parece joven y saludable.
También demuestra por qué las preguntas básicas de orientación no deben ser la única herramienta para descartar una lesión cerebral grave. Kim pudo responder varias preguntas mientras sangraba activamente en su cerebro.
El dolor de cabeza repentino y extremo, especialmente cuando se acompaña de vómitos, problemas del habla, confusión, debilidad o dificultad para entender el lenguaje, requiere atención médica inmediata.
La vida de Kim cambió en un solo momento, pero su historia no terminó con la lesión. Encontró un nuevo propósito a través de la escritura, la defensa y ayudando a otros sobrevivientes a darse cuenta de que no están solos.
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