Durante años, Paula Walters vivió con una enfermedad crónica, problemas de salud mental y una lista creciente de diagnósticos médicos. Consultó especialistas, tomó numerosos medicamentos y finalmente le dijeron que su salud seguiría deteriorándose.
El problema subyacente, sin embargo, pudo haber comenzado años antes con una estrangulación casi fatal.
Durante este episodio de Mind Matters: Navigating Head Injuries and Concussions, la consultora legal enfermera Kiley Como habló con Paula, fundadora de The Courageous Survivor, sobre la violencia doméstica, la lesión cerebral, el error médico en el diagnóstico y la importancia de tratar a la persona en su totalidad.
Una infancia construida en torno a la supervivencia
Paula creció en un hogar afectado por la disfunción, la adicción y el abuso.
En lugar de aprender a sentirse segura y conectada, aprendió a protegerse. Esas primeras experiencias afectaron cómo se veía a sí misma, las relaciones y el mundo que la rodeaba.
A medida que crecía, Paula luchó con la salud mental, el consumo de sustancias y la necesidad de validación. También se encontró repitiendo patrones de relación familiares y relacionándose con personas abusivas.
En 2006, una relación escaló hasta una estrangulación casi fatal.
Paula trabajaba como paramédica en ese momento y fue llevada a la misma sala de emergencias donde trabajaba. Su trauma privado se volvió público de repente, pero en lugar de recibir comprensión inmediata, experimentó culpa e incredulidad.
Esa noche comenzó un viaje de 13 años a través de la enfermedad crónica, la adicción, las crisis de salud mental y numerosos diagnósticos médicos.
Cuando cada especialista ve solo una parte
Paula comenzó a experimentar problemas relacionados con su presión arterial, ritmo cardíaco, estómago, sistema nervioso y salud mental.
Fue remitida a varios especialistas, pero cada proveedor se centró principalmente en una área del cuerpo.
Un cardiólogo evaluó su corazón. Un neurólogo examinó preocupaciones neurológicas estructurales. Profesionales de salud mental trataron síntomas psicológicos. Otros médicos atendieron sus quejas digestivas y hormonales.
Paula sentía que nadie conectaba los diferentes síntomas ni la evaluaba como una persona completa.
Con el tiempo, recibió diagnósticos que incluían síndrome de taquicardia postural ortostática, síncope neurocardiogénico, síndrome del intestino irritable, lupus, trastorno bipolar y una forma agresiva de esclerosis múltiple.
Un médico habló de colocarle un marcapasos. Otro le dijo que podría no vivir para ver los 50.
Finalmente le retiraron sus privilegios para conducir y su capacidad para trabajar como paramédica.
Una explicación diferente
El camino de Paula cambió después de conocer al Dr. Bill Smock, director médico del Instituto de Capacitación en Prevención de Estrangulamientos.
Después de escuchar su historia, sugirió que sus síntomas podrían estar relacionados con una lesión cerebral causada por estrangulación.
La estrangulación puede interrumpir el flujo de oxígeno y sangre al cerebro sin dejar siempre lesiones externas evidentes. Los efectos neurológicos resultantes pueden pasarse por alto, especialmente cuando los síntomas se desarrollan o continúan mucho después del asalto.
Paula planteó esta posibilidad a uno de sus neurólogos, pero se sintió desestimada y culpada por seguir relacionando su condición actual con la violencia anterior.
Aun así, que un profesional médico le creyera animó a Paula a seguir buscando.
Encontrar atención que mirara a la persona completa
Paula finalmente se conectó con una clínica que abordaba sus síntomas desde una perspectiva neurológica funcional.
Viajó para un programa intensivo de evaluación y tratamiento. En ese momento, había perdido gran parte de su independencia y estaba experimentando una crisis grave de salud mental.
Regresó a casa sintiéndose notablemente diferente.
Paula informó que pronto retomó la conducción y el trabajo. Eventualmente dejó de tomar los aproximadamente 20 medicamentos que le habían recetado anteriormente.
La experiencia también creó una relación complicada con el sistema médico tradicional. Algunos de sus diagnósticos anteriores permanecieron en sus registros incluso después de que sus síntomas mejoraron, afectando asuntos como el seguro de vida y la planificación financiera.
Su historia demuestra cómo las etiquetas médicas pueden seguir influyendo en la vida de una persona mucho después de que se cuestione el diagnóstico original.
Cuando los problemas neurológicos parecen enfermedad mental
Más tarde, Paula comenzó a experimentar irritabilidad, sobreestimulación, mal sueño, problemas estomacales, fatiga y dolores de cabeza detrás de los ojos.
Para otras personas, los cambios parecían principalmente psicológicos.
Su equipo de atención evaluó cómo su cerebro recibía información de sus ojos, oídos internos y cuerpo. Cuando esos sistemas no se comunicaban de manera consistente, su cerebro se sobrecargaba.
Esa sobrecarga afectaba su estado de ánimo, sueño, comodidad física y comportamiento.
El tratamiento de salud mental sigue siendo importante, pero la experiencia de Paula muestra por qué los proveedores también deben considerar si problemas neurológicos o físicos están contribuyendo a los síntomas emocionales.
La irritabilidad, ansiedad, ira o cambios de humor después de una lesión cerebral pueden no explicarse solo por la fuerza de voluntad o la personalidad.
El trauma puede volverse físico
El trauma a menudo se discute como una experiencia emocional o psicológica, pero sus efectos también pueden volverse físicos.
El estrés a largo plazo puede influir en el sueño, la digestión, el ritmo cardíaco, la presión arterial, el dolor, la concentración y el sistema nervioso.
Paula cree que los profesionales médicos deberían considerar la historia completa del paciente, incluidas las experiencias adversas en la infancia, el abuso y otros traumas.
Su puntuación ACE en la infancia fue nueve, lo que indica exposición a numerosas experiencias adversas. Sin embargo, dijo que esa historia rara vez se consideraba cuando los médicos evaluaban sus síntomas médicos crónicos y de salud mental.
Entender el pasado de una persona no significa asumir que cada síntoma es causado por el trauma. Significa reconocer que el cuerpo, el cerebro y la salud emocional están conectados.
Aprender a reconocer patrones
Paula ahora presta mucha atención a los cambios en su cuerpo.
Cuando se vuelve inusualmente enojada, físicamente tensa, sobreestimulada o incómoda, intenta entender qué puede estar causando la reacción en lugar de simplemente cubrirla con medicación.
Escribir en un diario la ayuda a identificar patrones.
Un olor, sonido, ambiente o interacción puede desencadenar una respuesta protectora vinculada a una experiencia traumática anterior. Reconocer ese patrón le permite separar la situación actual del pasado y responder con más intención.
Paula continúa trabajando en su cerebro y salud emocional todos los días. Entiende que la recuperación no borra su historia ni cada reacción automática.
Le da mejores herramientas para manejarlas.
Confía en ti mismo y sigue buscando
El consejo de Paula para otros es confiar en sus instintos.
Cuando los síntomas continúan y la explicación no parece completa, los pacientes deben hacer preguntas, buscar opiniones adicionales y seguir buscando profesionales calificados que consideren el panorama completo.
Eso no significa rechazar la medicina tradicional. Significa buscar proveedores que comuniquen, colaboren y consideren cómo los factores neurológicos, físicos, emocionales y sociales pueden interactuar.
La sanación puede requerir trabajo significativo, tiempo, apoyo y acceso a la atención.
El viaje de Paula fue largo y a menudo aterrador, pero encontrar a las personas adecuadas cambió la dirección de su vida.
Hoy, trabaja, viaja, habla y ayuda a otros a entender la conexión entre la violencia doméstica, la estrangulación, el trauma y la lesión cerebral.
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